lunes, 26 de mayo de 2008

7. El Nuevo Acuerdo de Capital: Basilea II

Basilea II busca impulsar la mejora de la gestión de riesgos en las entidades de intermediación financiera.

En junio de 2004 el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) aprobó el “Marco revisado para la Convergencia Internacional de Medidas y Normas de Capital”, más conocido como “Basilea II”, que sustituyó al Primer Acuerdo de Basilea de 1988.

Basilea I

La necesidad de que entidades de distintos países que compiten en los mismos mercados estén sometidas a normas semejantes llevó al CSBB a elaborar en 1988 el primer marco internacional de adecuación de capital, hoy llamado “Basilea I”. Dicho marco resultó de extrema utilidad para asegurar unos niveles de capital mínimos.

Basilea I dio respuestas simples y adecuadas al momento. Sin embargo, transcurridos diez años, Basilea I no se adaptaba a la evolución de la actividad financiera ni a la gestión y medición de los riesgos de la banca, que comenzaba a introducir procedimientos y sobretodo instrumentos de inversión más sofisticados.

Basilea II

Basilea II introduce nuevos elementos de mejores prácticas bancarias y regulación del capital. Además de exigir capital, su objetivo fundamental es servir de estímulo para la mejora de la gestión de los riesgos de las entidades de intermediación financiera (EIF), garantizando la estabilidad de los sistemas financieros y los sistemas económicos.

Basilea II consta de tres Pilares que se refuerzan mutuamente: (1) la exigencia de un capital mínimo, (2) examen supervisor y auto-evaluación del capital, que incluye un diálogo entre supervisor y entidad acerca de las necesidades de capital que la propia entidad ha estimado tras un análisis de su perfil de riesgos, y (3) la disciplina de mercado, que se refiere a la divulgación de información cualitativa y cuantitativa que permita a los participantes del mercado evaluar a las EIF.

Cada uno de estos Pilares representa un enfoque de política supervisora: el primer pilar modifica Basilea I para que sea más sensible al riesgo y añade la cobertura del riesgo operacional, poniendo énfasis en la adopción de reglas uniformes; el segundo pilar se basa en una supervisión más personalizada y discrecional; y el tercero responde al efecto disciplinario que ejerce el escrutinio del mercado.

Para la medición de los riesgos del Pilar 1, Basilea II proporciona un menú de métodos que van desde los más simples a los más sofisticados. Estos últimos se basan en los cálculos internos de las entidades y constituyen un aporte fundamental del nuevo marco. Las propias entidades, tras cumplir unos requisitos mínimos, calculan las variables relevantes para medir los riesgos de pérdidas de su negocio que deben cubrirse con capital y previsiones. En términos generales, los enfoques más avanzados implicarían menores exigencias de capital que aquellos enfoques más simples.

Al promover una adecuada capitalización de las EIF e incentivar mejoras en la gestión del riesgo, Basilea II tendrá un impacto positivo sobre la estabilidad financiera. Una EIF adecuadamente capitalizada y bien gestionada será más estable y capaz de hacer frente a situaciones adversas.